Qué hacer en Berlín en 4 días, vol. I

Aquí estoy otro lunes para contaros lo que fue nuestro último viaje. Hasta yo misma me sorprendo de lo constante que estoy siendo. WordPress debería dar premios por esto, Al blogger más eficiente o algo así.

Ya en la anterior entrada os hablamos de las horas intempestivas a las que llegamos a Berlín el sábado y que el domingo lo primero que hicimos fue el check-in en nuestro hotel.

Durante la semana ya os hemos ido dejando en nuestro Instagram  algunas píldoras de lo que fue nuestro primer día en Berlín, el cual dedicamos a:

  • Comprar la Welcome Card. ERROR por nuestra parte. Fueron 48€ ya que compramos la ABC+Postdam y viendo el uso que se le podía dar y el que le dimos nosotros, podemos decir que cometimos una verdadera CATETADA VIAJERA. Pensábamos (o más bien nos la vendieron) que podríamos entrar gratis a todos los museos y, además, usar el transporte público pero nada más lejos de la realidad. Lo del transporte sí es cierto, pero los únicos museos que incluye son los de la isla de los museos y el descuento que te hacen con ella en los demás es bastante irrisorio, así que tiramos bastante de transporte público en este viaje para poder amortizarla.
  • Desayunar en el Café Haus Koch. Lo encontramos casi de casualidad, presas del hambre y el mono de café y nos llevamos una grata sorpresa. Su relación calidad- precio es muy buena y, para los enganchados a las RR.SS y al postureo, sus platos son bastante instagrameables.
Tostada de aguacate, huevo y rúcula con salsa holandesa y semillas, ¿hay algo más instagrameable?
  • Visitar la Isla de los Museos. Vimos la catedral por fuera (en obras, como está siendo costumbre en nuestros últimos viajes) y entramos al Museo Altes (o Altes Museum), posee una amplia colección de arte clásico y su edificio es un ejemplo de arquitectura neoclásica. Si eres amante de la escultura grecorromana, este museo te va a encantar.

Después del Altes, visitamos el National Gallery que podemos resumirlo como el museo de las pinturas alemanas del siglo XIX. Lo vimos prácticamente al trote porque, quitando alguna pintura o escultura suelta, nos pareció soporífero.

  • Comida en The Sixties Diner. Sí, estábamos en Alemania y comimos en un restaurante típico (o más bien wannabe) americano, ¿por qué? pues porque eran las 5 de la tarde y era de los pocos sitios con asientos libres (era ENORME), precios decentes y cocina abierta. Decir que comimos bastante bien, en cuanto a cantidad y a calidad. No nos sentimos víctimas del típico sitio de guiris, aunque sí lamentamos no haber ido a un sitio típicamente alemán (atención spoiler: solo comimos en uno en los 4 días en Berlín).

  • Visitamos el Museo de Pérgamo. Famoso por albergar la puerta de Ishtar, consta de la Colección de antigüedades clásicas, el Museo del Antiguo Oriente Próximo y el Museo de Arte Islámico. Nuestro paso por este museo también fue rápido, nos paramos sobre todo en la puerta de Ishtar y la colección de antigüedades clásicas, lo demás no nos interesaba tanto, así que lo vimos por encima, sin detenernos mucho.
Puerta de Ishtar
  • Paseo nocturno por la ciudad. Tras salir del museo de Pérgamo decidimos dar un pequeño paseo por la ciudad antes de volver al hotel. Pasamos por:
    • La Puerta de Brandeburgo. Que, al contrario de lo que se cree, se concibió como una puerta de entrada a la ciudad más que como un arco del triunfo. Recomiendo ir a verla de noche, no tiene desperdicio.

    • El Check Point Charlie. Fue uno de los más famosos pasos fronterizos entre las dos Alemanias desde el año 1945 a la caída del muro. Se puede ver una reconstrucción de la caseta de control que hubo en su momento y una foto de un soldados estadounidense y otro soviético, según la parte del muro en la que te encuentres.
    • El Monumento a los Judíos de Europa asesinados (o el Monumento del Holocausto). Fue diseñado por Peter Eisenman (arquitecto) y Buro Happold (ingeniero). Es un terreno con diferentes alturas cubierto por una rejilla cuadriculada en la que están situadas 2.711 losas de hormigón que varían en cuanto a su altura.
      La intención de Eisenman era que las losas llegaran a producir una atmósfera incómoda y confusa, y todo el monumento busca representar un sistema supuestamente ordenado que ha perdido contacto con la razón humana, intentando hacer un símil con el sistema nazi.
      Nosotros lo visitamos tanto de día como de noche, y debo decir que, si lo tomas en serio, la angustia es real.

          En este post de nuestro Instagram os dejamos fotos de cómo es el monumento en sí, tanto desde fuera como cuando te adentras en él.

Y hasta aquí el que fue nuestro primer día en Berlín, que, por cierto, fue hace un mes (el 24 de febrero).

   El lunes continuaremos con el siguiente día de nuestro viaje, si quieres que te avisemos con nuestras nuevas publicaciones, no tienes más que suscribirte o seguirnos, así te llegará una notificación cada vez que haya novedades 🙂

¡Feliz semana!

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